Siempre se dijo que esto del día de la madre fue un invento de El Corte
Inglés. Antiguamente se celebraba el ocho de diciembre, coincidiendo con
la fiesta católica de la Inmaculada. Parece ser que estaba muy cerca de
Navidades, fiestas también de regalos, y para que una no contrarrestase
a la otra se trasladó el día de la madre al primer domingo de mayo.
Aunque me gusta hacer regalos a las personas que quiero, no soy muy
partidaria de que los intereses comerciales me marquen la fecha en que
debo hacerlos, pero, ya que estas cosas parecen inevitables, tratemos de
sacarlas provecho.
Ahí va una lista de posibles regalos para este día. Si eres madre puedes
insinuar la necesidad imperiosa que tienes de alguno de ellos, y si
cae, cae. Si eres hija, hijo o marido, y no se te ocurre nada, aquí
tienes varias pistas.
Molde Bundt Cake de Nordic Ware
Los Bundt, son moldes en corona con una parte central hueca por la que
pasa el calor, para que el bizcocho se hornee de manera homogénea. El
resultado suele ser mejor que el de los moldes de silicona: el material
del molde permite que sus formas barrocas queden perfectamente marcadas
en el bizcocho, que además sale sin ningún esfuerzo y, lo que es más
importante, sin deterioro en su estructura.
Precio entre 30 y 40 euros en Nordic Ware
Rallador Microplane
Parece que si regalas un rallador te vas a quedar corta, pero no si es
un Microplane. No tiene nada que ver con los ralladores habituales, que
te parecerán instrumentos rudimentarios si te acostumbras a utilizar el
de esta marca. Dicen que el primer microplane era una lima para madera,
pero alguien lo debió usar en la cocina y ya no dejó que volviera a la
caja de herramientas. Hay muchos modelos con precios que pueden ir de 20
a 50 euros. En esta página puedes encontrar un buen surtido.
Un soplete de cocina
Ya hace tiempo que el soplete se introdujo en el menaje de cocina: casi
es un clásico. Muy útil para caramelizar una crema o flambear un souflé,
pero también para gratinar quesos, asar verduras en un plisplas, o dar
una pasada a algunas carnes y pescados para que queden crujientes.
A partir de 20 euros se encuentran modelos de calidad. Más baratos no suelen ser muy buenos.
Un sifón
Desde que Ferrán Adriá inventó el artilugio, la palabra sifón no sólo se
refiere al clásico envase de cristal para el agua de selz. El sifón de
cocina es otra cosa. Con el podrás preparar mousses, cremas, salsas,
bebidas y cócteles sofisticados de forma muy fácil. Los precios a partir
de 40 euros. Conviene cerciorarse de que sirva tanto para preparaciones
frías como calientes (al baño María).
Una Romertopf
Según parece los romanos utilizaban ya la técnica culinaria de la
Romertopf. Estos bellos utensilios de cerámica son ideales para la
cocina lenta al vapor o para cocinar cualquier alimento en su propio
jugo. En la Romertopf se puede hacer casi cualquier cosa: carnes,
pescados, verduras, sopas, guisos e incluso pan y pasteles. Entre 40 y
50 euros hay modelos muy interesantes.
Una cazuela de Le Creuset
Como todas las grandes marcas de cocina, Le Creuset fabrica un sinnúmero
de utensilios para cocinar, pero ninguno ha superado a sus célebres
“cocotes” de hierro colado y color naranja. A pesar de sus altos precios
es una cacerola que no debería faltar en ninguna cocina que se precie.
Desde 100 euros en la web oficial aunque pueden encontrarse algo más económicas en la tienda outlet de Las Rozas Village.
Una heladora
Otra máquina cara: muy cara si se quiere que sea realmente buena. Las
heladoras con compresor funcionan como congeladores, pero la pala que
remueve continuamente la masa de helado permite que se consiga la
textura propia de los helados en vez de obtener cubitos de hielo. Son
muy voluminosas, pero precio y tamaño se pueden olvidar degustando las
delicias frías que se pueden elaborar con ellas. De vez en cuando, en
Lidl venden una máquina mucho más barata. Por lo que he leído por ahí,
funciona.
Una cena en un restaurante con estrella Michelín
En Madrid y alrededores hay muchos y, aunque los precios pueden ser tan
altos como los de una buena heladora, la experiencia merece la pena Aquí podéis ver la lista. Hay algunos menos caros como el Montia de El Escorial, una delicia desde 38 euros; Chirón, en Valdemoro, desde 45 euros; por el mismo precio el mejicano Punto MX, y por debajo de los ochenta euros, La Cabra, Lua o La Casa del Carmen, en Olías del Rey. Si se quiere tirar la casa por la ventana, Coque, dos estrellas Michelín en Humanes sería una buena opción, ya que las reservas en Diverxo se dan con muchos meses de antelación.
Advertencia: se trata de regalos para gente que ama la cocina. Si
no es el caso, abstenerse. Conozco a uno que regaló una impresionante
olla exprés a su mujer y salió por la ventana (la olla, no él).
Afortunadamente, el lanzamiento ocurrió antes de que la homenajeada se
diera cuenta de que previamente podía haberle dado con el regalo en la
cabeza
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Mostrando entradas con la etiqueta tiendas de cocina. Mostrar todas las entradas
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27 de abril de 2016
14 de abril de 2015
Cuchillos en alto
Sin su cuchillo jamonero, Miguel Jiménez no sería nadie. En
pocos oficios relacionados con la alimentación es tan imprescindible un
instrumento especializado: prueba a cortar jamón de jabugo con un cuchillo de sierra o con un cebollero. Esta semana. nuestro compañero
Miguel Jiménez, todo un especialista, nos va a introducir en el complejo arte
de cortar jamón, algo que requiere ciencia, destreza y práctica, como las que él
tiene. Pero. insisto, destreza, práctica y ciencia no le servirían de nada sin
un buen cuchillo jamonero, el adecuado para sacar esas finísimas y deliciosas
láminas, casi transparentes, que, en la boca, se convierten en un un manjar
insuperable.
El cuchillo, es algo fundamental en la cocina. Un buen
cocinero suele ir a todas partes con su estuche
de cuchillos, bien afilados y a punto cada uno para cumplir su función. Seguramente
llevará una puntilla, un cebollero, un fileteador, deshuesador, una o dos
machetas o hachuelas, uno de sierra y, claro, un jamonero y, si se quiere, uno
para queso. Ricardo Sanz, el chef de Kabuki (una estrella Michelín) es uno de
los que nunca viaja sin sus cuchillos, que no son cualquier cosa. En una clase
magistral nos contaba que el que estaba utilizando, uno de esos japoneses que podrían
cortar un cabello longitudinalmente, le había costado tres mil euros.
Salvo caprichos, en una cocina doméstica no es necesario
este repertorio completo. En mi opinión, será suficiente con una puntilla, un
cuchillo de cocinero o cebollero y uno de sierra. Con estas tres piezas,
básicamente podemos hacer frente a nuestras necesidades de cocineras o
cocineros domésticos: nosotros no vamos a deshuesar ni a partir a machetazos un
pollo. Ya lo hacen, y muy bien, en la pollería del mercado. Eso sí, nuestros
cuchillos deben ser de la mejor calidad que nos podamos permitir (la gama de
precios y calidades es muy amplia) y estar perfectamente afilados: es mucho más
fácil cortarse con un cuchillo sin mucho filo que con uno que acaba de pasar
por las manos de un afilador y, desde luego, será más difícil que los cortes
salgan limpios y como Dios manda. Podemos sacarles filo en casa con esas
piedras de esmeril o esos afiladores, eléctricos o no, que venden ahora, pero
yo recomiendo que, de vez en cuando, pasen por las manos expertas de un
afilador profesional, ya sea el del silbato que pasa cada cierto tiempo por el
barrio anunciando a voces sus servicios o en esos puestos que hay en muchos
mercados.
¿Dónde comprar un buen cuchillo? Cada vez van quedando menos
cuchillerías. En Madrid la mejor dirección es Cuchillería Simón, un establecimiento
con solera en el que la oferta es muy grande y variada y te atienden verdaderos
expertos. Allí puedes encontrar todo tipo de instrumentos de corte. Trabajan
con cuchillos de gran calidad y los precios no son bajos. Están en la calle
Virgen de los Peligros, lo cual, tratándose de estos instrumentos afilados, no
sé si será una garantía o una amenaza.
Otra cuchillería popular y con tradición es Viñas, "el perfumista", que se
anuncia con estruendo de carteles en la esquina de Atocha con el pasaje Doré, y
aquí, en Alcorcón, hay una cuchillería bastante buena en la Galería Mayesi: la
cuchillería David García, donde además te pueden hacer un afilado perfecto de
tu cuchillo. Tiene venta por internet.
En mi cocina hay un buen surtido de cuchillos y no tengo más
porque los buenos no son precisamente baratos. Pero entre todos tengo especial
cariño para dos: uno de la marca Solingen, que me traje de casa de mis padres y
otro de sierra, que compre en Dresde (Alemania) y que, siete u ocho años despué corta como el primer día.
Cuchillería Simón
Virgende los Peligros 10
Madrid
Tfno 915 222 002
Cuchillería Viñas
Atocha 64
Madrid
Tfno 913 693 4 95
Cuchillería David García
Calle San José s/n
(Galería de Alimentación Mayesi, puesto 41)
Alcorcón (Madrid)
Calle San José s/n
(Galería de Alimentación Mayesi, puesto 41)
Alcorcón (Madrid)
Tfno 916 105 192
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10 de marzo de 2015
La Gran Hojalatería
Cuando, a finales de mes, José María Rivas eche el cierre de
la Gran Hojalatería, estará poniendo fin a una historia de más de cien años,
que se inició en 1897, cuando su bisabuelo abrió el establecimiento que, en
poco tiempo, se convirtió en la referencia de Madrid para todo tipo de objetos
de hojalata. Cántaros de leche, zafras de aceite, alcuzas, medidas para sólidos y líquidos… eran fabricados a mano en el amplio sótano de esta pequeña tienda,
donde llegaron a juntarse hasta 18 operarios que debían trabajar con enorme
precisión, ya que de sus manos salían las medidas de aceite, leche o vino y un cántaro de veinte litros debía tener esa capacidad exactamente.. Allí,
en el sótano, todavía se conservan los añosos aparatos que se utilizaban para
cortar, curvar y domar las láminas de hojalata que demandaban lecherías,
molinos de aceite y tiendas en general de media España. Pero ya no hay
hojalateros. Los últimos fueron retirándose en los años ochenta cuando las
normas sanitarias y el acero inoxidable (también, por supuesto, el plástico), hicieron
que la demanda se redujera hasta lo meramente decorativo. Cuando, hace unos
días, acudí allí para preguntar por una churrera, me dijeron que el artesano
que se las suministraba dejó de hacerlas hace 30 años y, de vivir, ahora tendría
casi cien.
Ante el dilema de “renovarse o morir”, José María, que lleva allí desde la
adolescencia, decidió darle un pequeño giro al negocio y orientarlo hacia el menaje de
cocina, del que ha vivido los últimos años, vendiendo útiles culinarios que ya
no fabricaban en el sótano. Pero ya no puede aguantar más. A pesar de que la
cocina está de moda, la crisis es más fuerte y las ventas cada día son menos, aunque,
de vez en cuando, un objeto que aparezca en un programa con cocinero se pueda despachar
como rosquillas durante unos meses. Ocurrió, por ejemplo, con aquellos peladores de
ajos de silicona: en una semana, se vendieron 200, pero la moda pasó pronto y la última docena todavía
está en las estanterías. El caso es que estos picos de ventas, cada vez más
espaciados, no dan para mantener abierto el negocio con el que José María y
Nieves, su mujer, complementaban sus
pensiones estos últimos años. Seguro que sacan más alquilando este local de la
calle Imperial, esa pequeña cuesta que baja haciendo una “ese” desde el
ministerio de Asuntos Exteriores hasta la calle de Toledo, en una zona que reúne
algunos de los negocios más antiguos de Madrid.
Pared con pared, compartiendo el número 12 y un poco más antigua, la Sombrerería Medrano, especializada
en sombreros de época y eclesiásticos, sigue haciendo bonetes, mitras para
obispos o birretes cardenalicios a medida de las levíticas cabezas de sus parroquianos. Que dure
mucho.
Nota: todavía, durante este mes y mientras quede género, se puede comprar en la Gran
Hojalatería. Como se puede aprovechar la liquidación por cierre de una pequeña
tienda del barrio de Argüelles, Sky Menaje, donde venden a buen precio
estupendos utensilios para la cocina y la mesa. También se la ha llevado la crisis
Gran Hojalatería
Calle Imperial 12
Madrid
Sky Menaje
Meléndez Valdés 54
Madrid
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7 de mayo de 2013
El paraíso del plástico
En Madrid, en la Ronda de Atocha nº 16 está una de las
tiendas especializadas más curiosas que conozco. Se llama Ros y vende sólo una
cosa: muelles. Pero si entras allí podrás pedir cualquier muelle que se te ocurra, desde
los casi microscópicos, para arreglar un reloj de pulsera, hasta el resorte
enorme que, en el circo, lanza al cielo al hombre bala. Sólo les falta el
grafitti de Muelle, casi imposible de encontrar ya en las calles de Madrid.
Me encantan esas tiendas muy especializadas en las que encuentras cosas que ni imaginabas
que existieran. Casi me hipnotizan. Puedes
buscar, corchos, velas, hebillas o telas de flores… en ellas encontrarás el
tamaño y forma que busques y otras muchas más que ni te imaginas para qué
sirven. Y además, esto no falla, te atenderán dependientes a la antigua que
saben todo lo que se puede saber sobre el producto que venden; esos
dependientes que, no sé por qué, visten siempre el guardapolvos azul que posiblemente desaparecerá con ellos
el día que se jubilen, que no parece muy lejano.
Hace poco descubrí una de esas tiendas. Se llama Manuplas y
está especializada en plásticos. Es un local grande en el que, sin orden ni
concierto, se suceden las estanterías llenas
de los productos más variados con un común denominador: el plástico. Lo mismo
puedes encontrar carpetas para clasificar documentos, que hules, bidones,
cajas o envases de todo tipo. No acabaría si quisiera enumerar todo lo que vi,
perdida durante más de media hora en esos desorganizados pasillos. Para lo que nos interesa, lo que tiene que
ver con la cocina y la mesa, hay un amplio surtido: embudos de todos los
calibres, frascos, biberones, pipetas, bidones, envases de mil tamaños para sólidos o líquidos, manteles, moldes,
bandejas, cubiertos y platos. El plástico no parece lo más indicado para
cocinar, -en los fogones, las temperaturas son altas-, tampoco suele ser muy glamouroso, pero es muy útil para otras
muchas cosas. Por ejemplo: para almacenar. Es cómodo para conservar productos
cuyo envase, una vez abierto, no se puede cerrar. De lo más adecuado para guardar
en el congelador parte de esos guisos
que hacemos en una cantidad mayor de la que vamos a consumir de una vez. Nos
puede servir también para conservar legumbres, especias o algún líquido que
hayamos comprado a granel. En fin, si vas a un sitio como Manuplas, seguro que
encuentras cosas que te empiezan a parecer imprescindibles en la cocina, aunque antes nunca
lo hubieras imaginado. Eso sí, no busques diseño, allí sólo hay cosas
prácticas que, además, no son caras, como no lo es el plástico.
Manuplás
Paseo de Sta Mª de la Cabeza 24
28045 Madrid
915 283 457
No se me ocurren platos con el muelle entre sus ingredientes, pero alguna vez lo podemos necesitar para arreglar un pequeño electrodoméstico. Por si acaso también pongo la dirección
28012 Madrid
Manuplás
Paseo de Sta Mª de la Cabeza 24
28045 Madrid
915 283 457
No se me ocurren platos con el muelle entre sus ingredientes, pero alguna vez lo podemos necesitar para arreglar un pequeño electrodoméstico. Por si acaso también pongo la dirección
Muelles Ros
Rda. Atocha, 1628012 Madrid
914 680 983
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19 de febrero de 2013
El Oriente Próximo en Madrid
Dice que la puedo llamar Alzahra. Que prefiere que su verdadero nombre quede en la nebulosa que, según parece, quiere poner por medio con su pasado. En su país, Irak, era maestra de escuela hasta que tuvo que huir de la guerra del golfo. El guardapolvos de tendera que viste tras el minúsculo mostrador de su tiendecita, podría ser el que usase en la lejana escuela de primaria que se vería obligada a abandonar. Alzahra se gana la vida vendiendo comestibles árabes en un pequeño local con el mismo nombre, en la calle Amparo, en pleno barrio de Lavapiés. En él me atendió, con la misma dulzura que supongo que regalaba a los niños y niñas de su colegio mientras les enseñaba las letras.
Fui a Alzahra buscando ingredientes para el menú árabe de esta semana, que no había podido encontrar en las tiendas convencionales ni en las grandes superficies. Allí compré tahini, semillas de cilantro, cayena, ras el hanout, sésamo…
La tienda tiene de todo, a pesar de que no ocupará más de ocho metros cuadrados. No sólo comida árabe. Cómo ocurre en muchos comercios de este multirracial barrio, la oferta es muy ecléctica. En el humilde cartel sobre la puerta, Alzahra se define como especialista en alimentación africana, árabe, hindú y turca. Y de todo tiene un poco. Incluso espacio para los sacos de cinco y diez kilos de arroz y cous-cous, que los vecinos del barrio compran para ahorrar: al fin y al cabo los consumen prácticamente a diario.
Alzahra no tiene productos frescos y la hierbabuena que necesitaba pude encontrarla un poco más arriba, donde la calle Amparo se cruza con la de Miguel Servet, en otro local, este más grande, que se anuncia con el rimbombante título de Food Center, y que ocupa el espacio de la antigua Comercial Olalde, una floreciente tienda de ropa de los años sesenta. Compré un buen ramo de hierbabuena y té Lipton, a menos de la mitad del precio que marcan otras tiendas de Madrid. El Food Center es frutería, carnicería, ultramarinos y casi todo lo que se puede pedir, como ocurre en la mayoría de los comercios que ocupan los espacios que dejan libres los locutorios, el negocio más repetido en Lavapiés.
Toda esa zona baja de Lavapiés está plagada de tiendas de alimentación: fruterías, con productos realmente exóticos que cada vez nos extrañan menos; carnicerías que anuncian como reclamo su condición Halal, es decir que las viandas que venden proceden de animales sacrificados según el rito musulmán; las ricas pastelerías árabes, casi pegajosas de miel y almendras. Lo normal, sin embargo, no es la especialización, sino que cada comercio puede tocar varios palos. Me hizo gracia uno, junto a la corrala de la calle Miguel Servet, que se anunciaba como Pastelería-Carnicería.
Alzahra no tiene productos frescos y la hierbabuena que necesitaba pude encontrarla un poco más arriba, donde la calle Amparo se cruza con la de Miguel Servet, en otro local, este más grande, que se anuncia con el rimbombante título de Food Center, y que ocupa el espacio de la antigua Comercial Olalde, una floreciente tienda de ropa de los años sesenta. Compré un buen ramo de hierbabuena y té Lipton, a menos de la mitad del precio que marcan otras tiendas de Madrid. El Food Center es frutería, carnicería, ultramarinos y casi todo lo que se puede pedir, como ocurre en la mayoría de los comercios que ocupan los espacios que dejan libres los locutorios, el negocio más repetido en Lavapiés.
Toda esa zona baja de Lavapiés está plagada de tiendas de alimentación: fruterías, con productos realmente exóticos que cada vez nos extrañan menos; carnicerías que anuncian como reclamo su condición Halal, es decir que las viandas que venden proceden de animales sacrificados según el rito musulmán; las ricas pastelerías árabes, casi pegajosas de miel y almendras. Lo normal, sin embargo, no es la especialización, sino que cada comercio puede tocar varios palos. Me hizo gracia uno, junto a la corrala de la calle Miguel Servet, que se anunciaba como Pastelería-Carnicería.
En una de estas pastelerías, Salamat, en la calle de Tribulete nº 10, compre un pan como el que vamos a hacer esta semana, y se me pusieron los dientes largos con el gran surtido de esos pastelitos sirios, libaneses o marroquíes tan deliciosos: baklawas, bormas etc.. El hombre de origen sirio que me atendió, me dijo que sus mejores clientes no son los inmigrantes árabes, sino los españoles que habían probado estos dulces en sus viajes..
Muy cerca, en otra de esas tiendas abigarrados que hacen a todo, encontré lentejas y hortalizas que nunca imaginé que existían: al dueño no le resultó fácil decirme qué eran. Digo lo de las lentejas porque las vi de siete u ocho colores distintos.
Si queremos hacer pinitos en la cocina árabe, es
imprescindible acudir a Lavapiés para hacer la compra: se encuentra de todo. Y ya que estamos allí, ¿por qué no quedarse a
comer? En este barrio, en el que la película de Fernando Colomo situaba el Próximo Oriente, hay un buen surtido de restaurantes árabes, senegaleses y,
sobre todo hindúes: en la calle de Lavapiés el olor a curry indica que allí, posiblemente, esté la mayor concentración de restaurantes indios
de Europa. En estos restaurantes estaban comiendo personas de rasgos árabes,
marroquíes o indios, señal de que, por lo menos, son auténticos. Hay también,
cómo no, un peruano, en la calle Miguel Servet. Tengo que probar alguno cuando
vuelva por allí.
Y antes, me tomaré un vinito en Bodegas Belmonte. La popular bodega de San José de Valderas, nació como sucursal de la casa madre, que estaba en la calle de Tribulete, casi frente al Molino Rojo. Aquella bodega, con su hermoso mostrador de madera, desapareció, pero, en el número 4 de la calle de la Fe, un callejón que sale de la plaza de Lavapiés, queda todavía otra Bodegas Belmonte, que regenta una nieta de Ubaldo Sánchez, el fundador.
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Y antes, me tomaré un vinito en Bodegas Belmonte. La popular bodega de San José de Valderas, nació como sucursal de la casa madre, que estaba en la calle de Tribulete, casi frente al Molino Rojo. Aquella bodega, con su hermoso mostrador de madera, desapareció, pero, en el número 4 de la calle de la Fe, un callejón que sale de la plaza de Lavapiés, queda todavía otra Bodegas Belmonte, que regenta una nieta de Ubaldo Sánchez, el fundador.
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19 de noviembre de 2012
Harina & Cia
El nombre, el de la tienda, no el de Inma, ya da pistas sobre los propósitos del nuevo espacio: es un sitio donde se va a mimar lo relacionado con la harina, aunque no se trate de una nueva panadería. Inma toma el hilo conductor de la repostería para proponer casi todo lo que se nos pueda ocurrir a propósito de ella. En Harina & Cia encontramos toda clase de utensilios y moldes para hacer pasteles, tartas, bizcochos… y preciosas bandejas y platos para servirlos. También ingredientes que no es fácil encontrar en otros sitios (me resultó curioso ver en sus estantes harina teñida de colores para los “macarons”) o cacharros para cocinarlos. Hay libros, delantales, paños de cocina, teteras, cuchillos y espátulas. Incluso va más alla de la repostería y en sus estantes tiene un soplete de cocina o un sifón para hacer esas espumas tan resultonas. El surtido es grande pero, si no se encuentra algo, Inma y su ayudante Diana Pozuelo, que también es compañera en nuestros cursos de cocina, están dispuestas a buscarlo para nosotras.
Pero, Harina & Cia no es sólo una tienda de cocina. Su enorme local, -casi 300 m2 diáfanos y luminosos- permite mucho más. Y eso es lo que van a hacer Inma y Diana. En la amplia cocina, tienen previsto organizar cursos de repostería, talleres infantiles de cocina, fiestas de cumpleaños o lo que el cliente solicite si está en sus manos y tiene relación con la repostería.
Espero que no les falten clientes: la tienda es muy atractiva y está en pleno centro de Alcorcón, a un paso de la Calle Mayor, de Virgen de Iciar y del Mercado de Colón. El sábado tenía ya mucha gente y no eran sólo los amigos, invitados a la apertura, sino vecinos y personas que andaba de compras por allí, curiosos por saber que se podía hacer o comprar en Harina & Cía.
Espero que no les falten clientes: la tienda es muy atractiva y está en pleno centro de Alcorcón, a un paso de la Calle Mayor, de Virgen de Iciar y del Mercado de Colón. El sábado tenía ya mucha gente y no eran sólo los amigos, invitados a la apertura, sino vecinos y personas que andaba de compras por allí, curiosos por saber que se podía hacer o comprar en Harina & Cía.
Yo salí cargada: cargas para el sifón, un set de pizarra, cucharas y vasos de degustación, y un kit para hacer hamburguesas, que voy a regalar a mi hija.
Os aconsejo que os deis una vuelta. Ahora que empieza la temporada por excelencia del regalo, en la tienda de Inma podréis encontrar cosas muy interesantes. Y no sólo esos cachivaches que tanto nos gustan: ¿por qué no sorprender a alguien que queremos con un curso de repostería?.
Inma y Diana os esperan con los brazos abiertos y, además, os harán un descuento si sois alumnas o alumnos de Menús para impresionar.
Harina y Cía
Calle Vizcaya 5 (paralela a Virgen de Iciar)
Alcorcón
28912 Madrid
Teléfono: 91 152 88 44
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Os aconsejo que os deis una vuelta. Ahora que empieza la temporada por excelencia del regalo, en la tienda de Inma podréis encontrar cosas muy interesantes. Y no sólo esos cachivaches que tanto nos gustan: ¿por qué no sorprender a alguien que queremos con un curso de repostería?.
Inma y Diana os esperan con los brazos abiertos y, además, os harán un descuento si sois alumnas o alumnos de Menús para impresionar.
Harina y Cía
Calle Vizcaya 5 (paralela a Virgen de Iciar)
Alcorcón
28912 Madrid
Teléfono: 91 152 88 44
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19 de enero de 2010
Braz & Braz
Para descansar de las Navidades me he ido unos días a Lisboa. Esa ciudad ejerce sobre mí un atractivo hipnótico. Se puede decir que soy “lisboadicta”. Me basta pisar el bello empedrado de las aceras portuguesas para sentirme feliz.
Como siempre que voy a Lisboa, esta vez también he visitado Braz & Braz. ¿Qué es Braz & Braz? Posiblemente la tienda de cacharros de cocina menos sofisticada y más completa que conozco. Sus clientes no son grandes chefs, ni pijas desocupadas. Son, sencillamente, personas que van a cocinar, por afición o por obligación, pero que buscan utensilios prácticos y allí los encuentran, nada menos que desde 1777, es decir desde poco después del Terremoto de Lisboa. Y da la sensación de que algunas dependientas llevan allí desde entonces, aunque ya tengan hasta página web. Tu compras cualquier cosa y una dependienta de esas de bata azul te hace un volante con el que pagas en caja, y sólo entonces puedes tomar posesión de lo adquirido. Ultimamente, sin embargo, ya admiten tarjetas de crédito.
La mañana, cargada de cacharros, puede terminar en la terraza del café “Nicola” o la de la Pastelaria Suiça, tomando una cerveza o un café y un pastel de nata deliciosos mientras vez pasar a media Lisboa por la Praça de Rossio.
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Como siempre que voy a Lisboa, esta vez también he visitado Braz & Braz. ¿Qué es Braz & Braz? Posiblemente la tienda de cacharros de cocina menos sofisticada y más completa que conozco. Sus clientes no son grandes chefs, ni pijas desocupadas. Son, sencillamente, personas que van a cocinar, por afición o por obligación, pero que buscan utensilios prácticos y allí los encuentran, nada menos que desde 1777, es decir desde poco después del Terremoto de Lisboa. Y da la sensación de que algunas dependientas llevan allí desde entonces, aunque ya tengan hasta página web. Tu compras cualquier cosa y una dependienta de esas de bata azul te hace un volante con el que pagas en caja, y sólo entonces puedes tomar posesión de lo adquirido. Ultimamente, sin embargo, ya admiten tarjetas de crédito.
En Braz & Braz puedes comprar desde un plato de buena porcelana de Vista Alegre hasta moldes de hojalata (tienen un gran surtido) pequeños electrodomésticos, cacerolas en las que se podría cocinar para un regimiento, hules, delantales, cazuelas de barro, cristalería de duralex o de cristal fino, y un sinfín de pequeñas herramientas para el cocinero… Una tienda maravillosa en dos plantas a precios muy asequibles para un bolsillo español. Para no perdérsela. Además está al lado de la Praça de Figueira que, como sabe cualquiera que haya estado en Lisboa, es uno de los puntos clave de la ciudad. En el mismo callejón (Travessa Nova de S. Domingos) hay otra tienda, mucho más pequeña, donde también se puede comprar mucho utillaje de cocina. Se llama J. Mourao, Lda. y aunque se puede considerar joven comparada con Braz& Braz, lleva allí unos cuantos años: exactamente setenta y seis.
Cruzando la Praça de Figueira, sin andar ni trescientos metros hay otra tienda más del mismo estilo, que se llama Pollux. Está en la Rua de Fanqueiros, 276 y es un enorme almacén de varios pisos que incluso tiene (estamos en Lisboa) un miradouro en el último.La mañana, cargada de cacharros, puede terminar en la terraza del café “Nicola” o la de la Pastelaria Suiça, tomando una cerveza o un café y un pastel de nata deliciosos mientras vez pasar a media Lisboa por la Praça de Rossio.
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17 de diciembre de 2009
Algunas direcciones para los Reyes Magos o Papá Noel
Para los amantes-aficionados a la cocina vienen días gloriosos con esto de la Navidad (también los más agotadores). Es una gran ocasión para lucirnos, no sólo en los fogones, sino también en la mesa, que debe competir en decoración con la categoría de los platos que van a salir de la cocina.
Tanto trabajo merece recompensa. Es el momento de los regalos: de recibirlos o de hacerlos. Incluso de hacérnoslos. Os dejo algunas ideas, algunas direcciones, por si os valen de inspiración.
-Esta semana (el 21/12) en Aldi hay un termómetro de cocina a 13,99 €, un precio realmente interesante. Tampoco los molinillos eléctricos de sal y pimienta, a 6,99 € cada uno, están mal.
-Si necesitáis algo de vajilla a buen precio y no queréis recurrir a Ikea, una buena dirección es El Almacén de la Loza, (Núñez de Balboa 46, Metro Velázquez) tienen una variedad muy grande a precios razonables.
También merece la pena una tienda pequeñita, La Sopera, en la calle Torrelaguna 106, Metro Avda. de la Paz. Está en un bajo que pasa desapercibido. Hay que llamar a una puerta, creo recordar que metálica, pero dentro podéis comprar a buen precio vajillas y cacharros de conocidas firmas como San Claudio, Bidasoa, Roshental, o la inglesa Royal Dalton. Son restos de series y pueden salir muy bien.
-Para pequeños caprichos o regalos, digamos “creativos”, MDM, (Príncipe de Vergara 120, cerca del cruce con López de Hoyos). Hay cosas muy originales, no sólo de cocina.
Más cara, pero muy interesante, Geneviève Lethu, una franquicia francesa donde podéis encontrar todo tipo de cosas para la casa y la cocina y que aquí, en Madrid, tiene una tienda en Jorge Juan 15.
Por supuesto, El Corte Inglés tiene un departamento de cocina amplísimo, y no hace falta decir que en Ikea se encuentran cacharros sumamente prácticos y robustos a precios geniales. Y no olvidéis Roalu, del que ya hablamos hace unos días. Es el mejor
-Por último, la mejor librería gastronómica de Madrid es Aliana, en General Varela nº6, cerca del Bernabeu.
En fin, son sólo algunas ideas que me vienen a la cabeza. Espero que alguna os sirva.
Feliz Navidad y nos vemos a la vuelta para seguir cocinando mientras subimos la cuesta de enero de 2010, que espero que sea estupendo para todos y todas.
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Tanto trabajo merece recompensa. Es el momento de los regalos: de recibirlos o de hacerlos. Incluso de hacérnoslos. Os dejo algunas ideas, algunas direcciones, por si os valen de inspiración.
-Esta semana (el 21/12) en Aldi hay un termómetro de cocina a 13,99 €, un precio realmente interesante. Tampoco los molinillos eléctricos de sal y pimienta, a 6,99 € cada uno, están mal.
-Si necesitáis algo de vajilla a buen precio y no queréis recurrir a Ikea, una buena dirección es El Almacén de la Loza, (Núñez de Balboa 46, Metro Velázquez) tienen una variedad muy grande a precios razonables.
También merece la pena una tienda pequeñita, La Sopera, en la calle Torrelaguna 106, Metro Avda. de la Paz. Está en un bajo que pasa desapercibido. Hay que llamar a una puerta, creo recordar que metálica, pero dentro podéis comprar a buen precio vajillas y cacharros de conocidas firmas como San Claudio, Bidasoa, Roshental, o la inglesa Royal Dalton. Son restos de series y pueden salir muy bien.
-Para pequeños caprichos o regalos, digamos “creativos”, MDM, (Príncipe de Vergara 120, cerca del cruce con López de Hoyos). Hay cosas muy originales, no sólo de cocina.
Más cara, pero muy interesante, Geneviève Lethu, una franquicia francesa donde podéis encontrar todo tipo de cosas para la casa y la cocina y que aquí, en Madrid, tiene una tienda en Jorge Juan 15.
Por supuesto, El Corte Inglés tiene un departamento de cocina amplísimo, y no hace falta decir que en Ikea se encuentran cacharros sumamente prácticos y robustos a precios geniales. Y no olvidéis Roalu, del que ya hablamos hace unos días. Es el mejor
-Por último, la mejor librería gastronómica de Madrid es Aliana, en General Varela nº6, cerca del Bernabeu.
En fin, son sólo algunas ideas que me vienen a la cabeza. Espero que alguna os sirva.
Feliz Navidad y nos vemos a la vuelta para seguir cocinando mientras subimos la cuesta de enero de 2010, que espero que sea estupendo para todos y todas.
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5 de diciembre de 2009
Roalu
Muchas veces me preguntan dónde se puede comprar tal o cual utensilio de cocina que utilizo en mis clases. La verdad es que me resulta difícil dar direcciones, porque en Madrid no hay apenas tiendas donde comprar los mil cachivaches que necesitamos en el día a día de la cocina.
En los últimos años han abierto algunas tiendas especializadas, pero se orientan más hacia el diseño que a cubrir las verdaderas necesidades de cocineros o cocineras. No existe en Madrid, o al menos yo no lo conozco, ninguno de esos comercios a mitad de camino entre el bazar y la chatarrería que hay en casi todas las grandes ciudades europeas y que desatan los jugos gástricos de los y las cocinillas.Quizá la única excepción es Roalu. Aquí nada de diseño. Es una tienda de fachada anodina, iluminada por fluorescentes, con mostrador a la antigua y con dependientes de esos de guardapolvos azul, como en los años 40. Pero no os engañéis, dentro se puede encontrar a alguno de esos “chefs” mediáticos, que son clientes habituales de este local, situado en pleno barrio de Malasaña.
Comenzó siendo una calderería en 1898, cuando el abuelo del actual propietario preparaba, «dentro de una fragua y a golpe de martillo», útiles de cocina. Hoy es la tienda en la que se surten casi todos los profesionales y restaurantes de Madrid.
Pero el dueño y los dependientes atienden con igual amabilidad e interés a los aficionados. Allí se encuentra de casi todo: rizadores de mantequilla, cuchillitos serrados y curvos, porcionadores de helado redondos o en forma de "quenelle", todo tipo de mandolinas para hacer lonchitas o juliana en un pispás,, cuencos, medidores, termómetros (de asados, de azúcar, de horno...), paellas, embudos, marmitas, perolos, las bombas para hacer espumitas y mucho más. Y si no encuentras lo que buscas, lo puedes pedir.
El dueño, Luis María Garrido, tiene a gala que sus productos son todos de la máxima calidad: “No queremos cosas bonitas, queremos cosas buenas” dice. Y lo bueno no es siempre barato: aunque en general los precios son razonables, yo alguna vez me he dejado allí medio sueldo. Pero aunque no compres o compres poco merece la pena la visita. No os lo perdáis.
Roalu S.A.
C-San Vicente Ferrer N° 12
Metro Tribunal
28004, Madrid
Tel. 91 447 70 61
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