17 de abril de 2013

Delicia helada de nata















ingredientes
1 lata de leche condensada de 370 g
400 ml de nata
4 hojas de gelatina
80 ml de leche
200 g de galletas María ralladas
250 g de azúcar
250 g de agua
10 yemas
una rama de canela

elaboración
Ponemos las hojas de gelatina en agua fría durante cinco minutos para que hidraten, calentamos la leche y disolvemos en ella la gelatina. Montamos la nata y le incorporamos la leche condensada y la leche con la gelatina disuelta. Mezclamos bien.
En unos vasitos vamos alternando capas de la mezcla y galletas ralladas. Llevamos la congelador.
En un cazo ponemos el agua, la canela y el azúcar. Hervimos 7 minutos y dejamos que enfríe. Batimos bien las yemas, sin montarlas, añadimos el almíbar frío y mezclamos. Calentamos removiendo hasta que espese antes de que hierva. Dejamos enfriar el dulce de yema y cubrimos con él nuestros vasitos. Enfriamos en la nevera.
Si tenemos la delicia congelada, debemos de pasarla a la nevera al menos una hora antes de tomarla.
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15 de abril de 2013

Sobredosis



En el restaurante O Cuco, en Vila Viçosa, un bello y aristocrático pueblo del Alentejo portugués, un plato de boquerones no se lo salta un gitano. El que nos sirvieron de segundo (antes habíamos tomado un caldo verde) incluía 25 boquerones (terminé contándolos por curiosidad), una impresionante ración de arroz hervido, otra de patatas fritas y una pequeña montaña de zanahoria rallada. El camarero, burlón, nos miraba de reojo viendo nuestros esfuerzos por acabar entre dos lo que en la carta figuraba como ración individual.
En el restaurante Rodrigo de la Calle de Aranjuez, que también tiene Palacio Real, como Vila Viçosa, alguna de las exquisiteces que proponen en la carta no es más grande que una avellana. Hace unos días, cuando comentaba a un amigo lo que comí en Montia (En el El Escorial. También con Palacio Real) me preguntó si es uno de esos sitios de los que sales con hambre.
Lo de Vilaviçosa es, evidentemente, una sobredosis (al fin y al cabo, en portugués, ración se dice dose), como lo son todos esos Big Mac y cosas por el estilo que nos ofrecen los restaurantes de comida rápida. Pero también es verdad que en muchos restaurantes modernos las dosis, por seguir con términos lusos, son cada vez más pequeñas y casi parecen microscópicas cuando se sirven en platos de cuarenta centímetros de diámetro.
Más de una vez, en conversaciones con amigos, ha salido el tema y no es fácil llegar a una conclusión válida para todos. Se argumenta que ya no estamos en los años del hambre y que, a un restaurante, se va a disfrutar de sabores, aromas e, incluso, con la vista. Son los que piensan que, para salir satisfecho, no es necesario que tengas que aflojarte el cinturón un agujero o dos. Pero también hay quienes se sienten estafados cuando, después de una sucesión de bocados presentados con primor, te sacan la cuenta en vez de servirte el primer plato.
Otros creen que el restaurante ideal es el que sirve raciones enormes (usted no paga si es capaz de acabar el cocido que le vamos a servir) aunque la calidad no sea la mejor. O quien, de la mariscada, alaba no tanto que sea exquisita como su abundancia, aun a riesgo de terminar una semana en dique seco con un ataque de gota. En el extremo de esta postura están los que, en un bufet, cargan el plato como si hicieran acopio de víveres para resistir un asedio.
Los hay que huyen de esos dos extremos y señalan que en el medio está la virtud. Tampoco estoy yo segura de que eso sea cierto. O al menos de que sea siempre cierto.
Yo, cuando voy a un restaurante lo que quiero es que responda a las expectativas que previamente me he hecho. Si voy a un sitio de menú barato, espero que la comida tenga una calidad mínima, esté cocinada razonablemente y que la ración sea suficiente. Lo demás es pedir peras al olmo. Se trata de hacer una de las comidas del día y, al fin y al cabo, yo para comer a diario hago un guiso de lentejas, pongo verduras o frío huevos, pero no me meto en las complicaciones de cuando tengo invitados a cenar.
Ahora, si me voy a dar un homenaje en un restaurante con estrella Michelín, más que saciar el apetito, lo que pretendo es disfrutar de lo exquisito: que lo que coma tenga sabores delicados y sutiles; que el servicio sea perfecto, que el local sea agradable y, si es posible, que la cuenta se pueda pagar. En definitiva, que te ofrezcan algo distinto y sorprendente, no que hagan un paripé de cocina de autor seguido de sablazo.
Y, entre un extremo y otro, queda una larga escala, que va desde el restaurante de comida casera donde bordan los guisos, hasta la arrocería que trata la paella como Dios manda; desde el horno que asa el cordero en su punto, hasta la marisquería que ofrece un producto honrado, no fuentes de langostinos a precio de ensalada. O esos restaurantes agradables, con cocineros que saben lo que hacen, buena materia prima y camareros que intentan agradar.
Aunque todo el mundo conoce sitios horribles donde te tratan a patadas pero que merecen la pena por ofrecer algo extraordinario, lo normal es que un buen restaurante sea un sitio cuyos responsables aman de verdad su trabajo y cuyo objetivo es que el cliente coma bien y se sienta bien tratado en un lugar agradable. Seguro que en estos la ración es la adecuada. Cuando el dueño piensa que al cliente se le puede dar cualquier cosa, porque “total, ni se entera”, lo mejor es huir. O no volver, si nos pilló desprevenidos.
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10 de abril de 2013

Cebolla rellena de ricotta

 













ingredientes
3 cebollas dulces, no muy grandes,
aceite
ricotta

Para la ricotta
3 litros de leche
150 ml de zumo de limón

elaboración
Ricotta
Ponemos la leche en una olla y la calentamos hasta 90º (no debe llegar a hervir). La apartamos del calor y le añadimos el zumo.
Removemos y dejamos que repose en sitio cálido.
Ponemos una gasa en un colador y dejamos que el queso drene durante 2 o 3 horas, en sitio cálido.
Transcurrido ese tiempo, pasamos el queso a otra gasa y la suspendemos de dos palitos de manera que siga drenando durante otras 4 horas y ya puede ir a la nevera, listo para ser consumido.

Cebollas
Partimos las cebollas por la mitad y hacemos un corte, quitándoles la base para que tengan asiento.
Las vaciamos, dejando la capa exterior, (1 o 2 capas, según el grosor), las ponemos en una fuente de horno y tapamos el agujero que puede haber quedado en el fondo de la cebolla con un trocito de cebolla para que no se nos salga el relleno. Les añadimos aceite y sal y horneamos en blanco durante 10 minutos a 180º.

Sacamos las cebollas del horno, las rellenamos a nuestro gusto (En este caso, con carne picada salteada con cebolla) y cubrimos con abundante ricotta. Horneamos a 200º durante 15 minutos.
También podríamos poner un relleno con bechamel y pescado o verduras o carne.
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Sepia en salsa con piñones

















ingredientes
2 sepias
2 patatas
2 tomates
aceite
1 c.c. de pimentón dulce,
laurel
50 g de piñones,
1 vaso de Oporto
elaboración
Se sofríen juntos la cebolla, el tomate sin piel y el laurel. Añadimos el pimentón, los piñones y un vaso de vino.
En otra sartén, rehogamos la sepia cortada a cuadraditos hasta que tome color. Cubrimos de agua y cocemos hasta que esté tierna (En olla unos 15 minutos)
Freímos patatas a cuadraditos.
Pasamos la salsa por el chino y añadimos a la sepia y a las patatas.
Podemos poner piñones tostados por encima.
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Bollo de agua

















ingredientes

5 huevos
330 g de azúcar
ralladura de un limón,
320 g de harina
1 c.s. de levadura
250 ml de agua

elaboración 
Batimos las yemas con el azúcar, añadimos la ralladura de limón y vamos incorporando la harina y el agua, alternando a cucharadas.
Por último incorporamos las claras a punto de nieve.
Horneamos a 170º durante 50 minutos.
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8 de abril de 2013

El mercadillo de la Casa de Campo: del productor al consumidor

Aunque muchos ni lo sospechen, esta enorme aglomeración de ladrillo, hormigón y asfalto en que vivimos tiene límites, se acaba. Y más allá hay campo. Y en el campo, aunque pueda parecer insólito, hay agricultores, esa gente rara que miran al cielo con prevención mientras cultivan cosas estupendas que acaban en nuestras mesas. También hay ganaderos: sí, los de la ovejita, la cabra y la vaquita, pero en serio.
Acostumbrados a los híper, a veces se nos olvida que toda esa abundancia, esa variedad, de alimentos que compiten por atraer nuestra atención desde los estantes, está allí porque hay agricultores y ganaderos. Y, más grave, ya no recordamos que los alimentos transformados, conservados con mil aditivos, y elaborados hasta que es difícil saber qué contienen, son algo reciente. Aunque muchos, por jóvenes, apenas hayan visto otra cosa, no hace tanto que las lechugas y tomates procedían de la huerta sin pasar por la cámara frigorífica; el pescado no era congelado y el pan se amasaba con las manos y se horneaba con leña.
Todo este discurso viene a cuento de que he estado en  el mercado que cada primer sábado de mes organiza, en la Casa de Campo, la Cámara Agraria de Madrid y en el que agricultores y ganaderos venden directamente sus productos al público. Es decir, no hay intermediarios: del productor al consumidor.
Garbanzos La Ballena
La fórmula, es un éxito total. En la mañana del sábado, un poco fría pero con un sol radiante,  el recinto estaba tomado por una multitud deseosa de probar y de llevarse a casa las delicias que produce el campo madrileño.  Decenas de personas esperaban largas colas para comprar las hortalizas de Villa del Prado o de
Aranjuez.


La pastora de Guadarrama
No eran menos los que trataban de catar los excelentes vinos de Villarejo de Salvanés, Valdelaguna, Arganda, o Cadalso de los Vidrios.Los quesos y aceitunas de Campo Real competían con los de Colmenar de Oreja (Casa Ciriaco) o los de Fresnedillas de la Oliva. Los ganaderos de  Colmenar Viejo vendían orgullosos su leche recién ordeñada, sin tetratbrick y,en diferentes puestos, se podían comprar carnes de corderos, terneras o cabritos criados en los prados de la sierra.
Los aceites del sureste (Carabaña, Villarejo), las mieles de toda clase de flores, los garbanzos deQuijorna… Y los panes, esas hogazas de toda la vida, hechas con masa madre, que a más de uno resultan raras de lo poco artificiales que son.  Y no se trata de productos ecológicos, aunque algunos puestos  ofrecen sus producto con ese sello, como los vinos de Bodegas Morate, de Belmonte de Tajo, o la ganadería ecológica de Cenicientos.
Lácteos La Colmenareña
Vinos Jeromín










Como digo, el recinto estaba lleno hasta el punto de que no era fácil circular y, a veces, acercarse a los puestos era poco menos que imposible. Pero al final te abres paso y terminas cargando.Os cuento lo que compré:  Una hogaza de pan candeal de La Panata, de Miraflores de la Sierra: una bolsa de garbanzos “La ballena” ,de Quijorna; Carne de ternera de Santa María de la Alameda; Leche decabra (5 litros) de Torrelaguna; Mantequilla La Colmenareña, de Colmenar Viejo y Anchoas de una pequeña empresa de salazones de Morata de Tajuña.
No me atreví a esperar la cola de los distintos puestos de verduras.  Se ve que los más veteranos saben que hay que ir pronto, porque cuando llegamos, a eso de las once, ya se veía salir a muchos con su carro de la compra rebosante de verduras.
Cuando me iba había cola hasta para comprar la copa con la que, por un euro, puedes ir catando los vinos de las diferentes bodegas. Por un poco más puedes tomar incluso cervezas artesanales.
En fin: un éxito previsible. En el mercadillo de la Casa de Campo coinciden intereses que cada vez es más difícil aunar. Por un lado, somos muchos los que echamos de menos poder comprar productos frescos,  de calidad y elaborados con cariño. Por otro, hay agricultores y ganaderos que aman lo que hacen y que sólo necesitan encontrar puntos de contacto con el consumidor que les permita vender y dar a conocer el fruto del trabajo que les da de comer. En Madrid, la brutal competencia de las grandes superficies parecía haber acabado con esta posibilidad, pero mercadillos como  este, con su enorme tirón, demuestran que hay un hueco para los productos naturales, frescos  y de calidad. Y seguramente, la forma más fácil e incluso más cálida de que los consumidores podamos  llegar a ellos es la más vieja que se conoce: el mercado semanal al aire libre. Ojo, no confundir con los mercadillos. Y tampoco esperéis  que los precios sean más bajos: si se quieren productos de calidad el agricultor debe obtener una ganancia que le compense por su trabajo.
Aquí podéis ver la lista completa de productores que vendían este sábado en el Mercado de la Casa de Campo
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3 de abril de 2013

Albóndigas de acelgas y champiñón
















ingredientes 
Un manojo de acelgas
400 g de champiñón
4 yemas
ajo, perejil, sal y pimienta
Pan rallado, harina y huevo para empanar
Aceite para freír 

elaboración 
Se cortan en juliana fina las hojas de acelga y se escaldan en agua hirviendo. Se refrescan y se escurren muy bien, apretándolas en el colador para que suelten todo el agua. 
Ponemos agua con sal a hervir y escaldamos también los champiñones enteros. Los escurrimos y los picamos, juntándolos con las acelgas. Añadimos las yemas, un poco de pan rallado, ajo picado y perejil, sal y pimienta. 
Formamos las albóndigas, las pasamos por harina, huevo y pan rallado, y freímos. 
Podemos acompañarlas con una salsa picante de tomate.

Solomillo ibérico a la crema

ingredientes
2 solomillos
4 cebollas grandes
500 ml de nata,
laurel, sal, aceite y pimienta

elaboración 
Freímos los solomillos salpimentados por todos los lados. Rehogamos lentamente la cebolla picada, de forma que nos quede casi una compota salada. 


En una bandeja de horno, colocamos la cebolla, los solomillos, el laurel y la nata. Horneamos a 230º durante 20 minutos.
La carne debe de quedar sonrosada por dentro.
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Fresa y piña
















ingredientes
½ kg de fresas
½ piña
entre 4 y 6 c.s. de azúcar
2 limones
hierbabuena

elaboración
Picamos las fresas en cuartos y la piña a trocitos.
Hacemos zumo con los dos limones.
En un bol ponemos el azúcar y la hierbabuena y con una mano de almirez aplastamos las hojas para que saquen todo su sabor.
Mezclamos el zumo con la piña, las fresas y añadimos todo a la hierbabuena.
Dejamos que repose en la nevera. Si dejamos mucho tiempo, la piña se nos teñirá de rojo.
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31 de marzo de 2013

Las clases comienzan esta semana

Las clases de este segundo trimestre de 2013 comienzan esta misma semana. Empezamos tan pronto para que, salvados los puentes de mayo, podamos terminar a mediados de junio, antes de que el calor apriete de verdad.
Creo que el programa que he preparado, más ligero que el del trimestre pasado, os va a gustar.
Lo podéis ver debajo
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Programa del 2º trimestre de 2013

01
Albóndigas de acelga y champiñón
Solomillo ibérico a la crema
Fresa y piña

02
Cebolla rellena de ricotta
Sepia en salsa con piñones
Bollo de agua

03
Empanada de berenjenas
Pisos de tortilla
Delicia helada

04
Pan de olivas
Carpaccio de presa
Tarta fría de fresas

05
Halloumi con vinagreta de mango
Merluza con patatas
Copa de melón

06
Tomates rellenos con provenzal
Pilaf turco de cordero
Leche frita a la lima

07
Langostinos al coñac
Pizza sin harina
Bavaroise de chocolate blanco y frambuesa

08
Chupito de aguacate
Pollo con Idiazabal y salsa de maíz
Bizcocho de curry dulce

09
Tres tapas de siempre…
y tres de ahora

10
Nos despedimos con un pic-nic
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13 de marzo de 2013

Patatas Hasselback

















ingredientes

Una patata por comensal
Aceite
Sal

elaboración
Pelamos las patatas. O no. (Si no las pelamos debemos de lavarlas bien). 
Cortamos una base para que asienten bien y hacemos cortes paralelos, perpendiculares al eje más largo. Los cortes deben hacerse bien juntos, con cuidado de que no lleguen abajo: no se trata de dividir la patata en lonchas sino que debe quedar unida por abajo como si fuese un acordeón. 
Para que los cortes no seccionen por completo la patata nos podemos ayudar de unos palillos chinos, como se ve en la fotografía.
Las untamos con un poco de aceite, salamos y llevamos al horno a 200º entre 30 y 40 minutos, dependiendo del grosor de las patatas, que se debe procurar que sean del mismo tamaño.
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Bacalao al pil pil


















ingredientes

Bacalao (Entre 150 y 200 g por comensal
aceite de oliva,
ajo
guindilla

elaboración
Desalamos el bacalao cubriéndolo con agua y metiéndolo en la nevera durante 48 horas. El agua debe cambiarse tres veces.
En una cazuela con aceite freímos láminas de ajo y aros de guindilla. Los retiramos a un papel secante y dejamos que el aceite enfríe.
Cuando esté ligeramente templado, escurrimos el bacalao y lo ponemos en el aceite con la piel para arriba y en una sola capa.
Con un fuego muy bajo, dejamos que el bacalao se confite y suelte la gelatina.
Esperamos media hora para que el bacalao repose en el aceite lo sacamos y ligamos la salsa. La salsa pil pil es una emulsión de aceite, gelatina y agua. Para hacerla ponemos el aceite con la gelatina en el vaso de la batidora y montamos con la túrmix como si hiciéramos una mayonesa hasta darle la densidad deseada.
Montamos poniendo las tajadas de bacalao en el plato, cubriéndolas con la salsa y poniendo encima los ajos fileteados y las láminas de guindilla.
Para este plato, el bacalao no debe de ser excesivamente grueso. Si se quisiera poner una buena tajada de bacalao, podríamos utilizar tajadas más delgadas para obtener la salsa y luego servir tajadas más gruesas y cubrirlas con el pil pil. El bacalao más fino que habríamos utilizado para la salsa lo guardamos para hacer croquetas.
Al servir, también podemos espolvorear con un poco de perejil picado.
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Torrijas

















ingredientes

Una barra de pan de la víspera
1 litro de leche entera
8 cucharadas de azúcar
limón
huevo
aceite para freír

elaboración
Se corta el pan a rebanadas y se pone en una fuente honda. Hervimos la leche con el azúcar y la piel del limón. La vertemos sobre el pan y dejamos reposar durante una hora.
Batimos el huevo y vamos rebozando en él las torrijas, que freímos a continuación.
Una vez hechas las cubrimos con almíbar (igual cantidad de agua que de azúcar, cinco minutos hirviendo)Imprimir

11 de marzo de 2013

La Buena Vida: del productor al consumidor



















Estos chicos tan sonrientes son Roberto y Francisco. El sábado han cogido su furgoneta, la han cargado del excelente aceite que producen en Carabaña (Madrid) y se han ido a venderlo a La Buena Vida, un mercadillo de productos ecológicos, artesanos y de proximidad que se monta el primer fin de semana de cada mes en HUB Madrid. El HUB Madrid es uno de esos enormes y desvencijados patios interiores con techo acristalado que tanto abundan en el viejo Madrid y que en muchos casos se han convertido en garajes. Este no; este es un sitio inclasificable que puede ser, sucesiva o simultáneamente, una oficina, un café, una sala de eventos o, como este fin de semana, un mercadillo de alimentación.
Estuve allí en la mañana del sábado y además de una botella del afrutado aceite virgen extra Olivum de Roberto y Francisco; compré un queso semicurado de La Rosa Amarilla, que elabora en la vega de Chinchón una familia manchega; un tempranillo joven de bodegas La Tercia, de Alcázar de San Juan, huevos de corral recogidos esa misma mañana en una granja de Brunete y un pan de Cea, el único con denominación de origen en España.
Los de Chinchón con sus quesos y embutidos
 También podría haber llenado la cesta con naranjas cogidas el día anterior; embutidos de la Chacinería El Valle, de Chinchón; unas mermeladas murcianas con una pinta extraordinaria; cerveza artesanal y muchas cosas más, todas con el marchamo ecológico y artesanal o de empresas de producción corta. Y lo más importante: los vendedores eran los agricultores o granjeros que habían cultivado o elaborado con sus manos lo que vendían.
No abundan en España los mercados en los que los productores puedan vender directamente al consumidor. Recuerdo haber visitado algunos en el norte, como el de los sábados en Cabezón de la Sal o los pequeños puestos de los campesinos que rodean el extraordinario mercado de abastos de Santiago de Compostela, pero, en general, los mercadillos callejeros reúnen más a comerciantes que a productores, con lo que la calidad suele bajar. No es lo mismo que un hortelano te venda tomates, madurados en la mata, que ha recogido la tarde anterior, que comprar esas frutas y hortalizas de largo pedigrí en cámaras frigoríficas que suelen constituir la oferta en los mercadillos.
Yo recuerdo los mercados callejeros de la Provenza, donde el hortelano ofrece orgulloso lo mejor que cosechado en su huerta en los últimos días, o el ganadero te da a probar el queso artesanal que ha elaborado con la leche de sus vacas.
Los ingleses los llaman farmer’s market (mercado de granjero) y en Londres hay algunos extraordinarios, como el famoso Borough Market, un mercado mayorista que, desde hace siglos , abre jueves, viernes y sábados para los particulares y ha terminado por convertirse en un paraíso gourmet.
Tampoco debe de estar mal ese mercado de veneciano de Rialto, donde, al aire libre, hacen sus compras esos gourmets impenitentes que son el comisario Brunetti y su esposa en las novelas de Dona Leon.
Aquí, como digo, no es fácil conseguir esos “alimentos de km 0”, que son siempre de mejor calidad. También son algo más caros, que todo hay que decirlo, pero merece la pena comprarlos cuando esté a nuestro alcance: no sólo vamos a disfrutar más en la mesa, además ayudamos al medio ambiente (como vienen de más cerca su transporte produce menos CO2) y permitimos la supervivencia de unos agricultores y ganaderos que miman su producto.
¿Dónde esta Wally (Elena)? Pulsa en la imagen para ampliar
Además. el HUB Madrid, donde se organiza el mercadillo "La Buena Vida", tiene el valor añadido de su situación, en pleno centro de Madrid, detrás del Caixa Forum, es decir al ladito del Paseo del Prado, en la que, seguramente, es la zona más bonita de la capital. Como se puede tomar el aperitivo "in situ" degustando alguno de los productos que se venden allí, no es raro que este fin de semana estuviera lleno de clientes con cara satisfecha.
Hay otro mercado de este tipo, el primer sábado de cada mes, en la Casa de Campo. Lo organiza la Cámara de Comercio y es sólo para productos de Madrid. Ya hablaremos de él otro día.
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6 de marzo de 2013

Ensaimadas

















ingredientes

Masa madre 
50 g de harina
15 g de levadura
30 ml de agua

Masa
50 g de azúcar
1 huevo
200 g de harina
70 ml de agua
Sal

Manteca de cerdo
Aceite

elaboración
Hacemos una bolita con los ingredientes de la masa madre.. En un cuenco con agua templada, ponemos la masa, que se irá al fondo, y esperamos a que flote.
Amasamos los ingredientes de la masa junto a la masa madre.
Una vez lista la masa, dividimos en porciones de unos 50 o 60 gramos.
Untamos la mesa, las manos y el rodillo de aceite. Estiramos cada porción formando un rectángulo lo más finito posible y, con las manos untadas generosamente con manteca, lo enrollamos desde la parte más alejada a la más cercana a nosotros.
Dejamos reposar sobre la mesa untada de aceite. 
Una vez enrolladas todas las piezas, las agarramos por los extremos y estiramos hasta que tengan unos 30 cm. Enrollamos cada ensaimada y las colocamos separadas en una bandeja de horno. Dejamos reposar de un día para otro. 
Antes de hornear, pulverizamos con agua. Horneamos a 200º y espolvoreamos por encima con azúcar glas..
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Suizos, medianoches, petits pains y trenzas



















ingredientes

Masa madre 
50 g de harina
25 g de levadura
30 ml de agua

Masa
50 g de azúcar
50 g de mantequilla
1 huevo 
200 g de harina,

30 ml de agua
5 g de sal, ralladura de naranja y limón

elaboración
Hacemos las masas como en la receta de las ensaimadas, incorporando la bolita de masa madre en la mitad del amasado.
Dejamos reposar la masa en sitio cálido hasta que doble su tamaño.
Dividimos la masa en piezas de tamaño adecuado al tipo de bollería que queramos hacer y volvemos a dejar que doblen ya en la bandeja del horno. Horneamos a 200º o 225º calculando que las piezas de unos
50 g tardarán unos 10 minutos. 

Piezas derivadas de esta masa 
Suizos: piezas de unos 50 g a las que hacemos una incisión con las tijeras antes de ponerlas a fermentar. Una vez fermentadas, se pintan de huevo y se añade azúcar en el corte antes de hornear. 
Trenzas: tres piezas del mismo peso que se estiran en cilindros y se trenzan. Se deja que crezcan se pintan con huevo y se espolvorean con azúcar en grano.
Mediasnoches: piezas de 25 g que pintamos de huevo antes de llevar al horno.
Petit pain: igual que las medias noches, pero más pequeños y alargados.

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Napolitanas


















ingredientes 
Para la masa madre
50 g de harina
15 g de levadura prensada
30 cl de agua
Para la masa
40 g de azúcar
25 g de mantequilla
200 g de harina
80 ml de agua
5 gr de sal

100 gr de mantequilla para las vueltas

elaboración
Se amasan por separado los ingredientes de la “masa madre” (como en la receta de las ensaimadas) y de la “masa”.
A continuación amasamos la “masa madre” junto con la “masa” y dejamos reposar en sitio cálido hasta que doble su volumen.
Estiramos la mantequilla que hemos reservado para las vueltas y la ponemos en la nevera.
Estiramos la masa, incorporamos encima la mantequilla y cerramos la masa como si fuera un paquete.
Tenemos que estirar la masa y plegarla en 3. Después giramos 90 grados y la volvemos a plegar en tres. Esta operación la repetimos tres veces. Ya tenemos la masa preparada para las napolitanas.
Cortamos tiras de unos 15 cm de ancho y ponemos sobre el centro de ellas un cordón de crema pastelera. Se pinta uno de los bordes con agua y se enrolla la masa sobre la crema, pegando con el borde humedecido, lo que dará un cilindro con la crema en su interior. 
Se cortan piezas de unos 10 o 12 cm y se colocan en chapas de horno ligeramente separadas. Se dejan reposar para que vuelvan a crecer. Se pintan de huevo, se ponen almendras fileteadas encima y se hornean.
Con esta misma masa podemos hacer también croissants y caracolas.
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5 de marzo de 2013

Sergi Arola




















Estábamos con la historia de que la gran cocina española es el “cenit” de la gastronomía mundial y va Sergi Arola, un integrante destacado de esa pléyade de chefs que nos han colocado al frente del planeta culinario, y dice que “nadie mejor que los franceses sabe hacer alta cocina., porque fueron ellos los que la inventaron”. Sergi Arola dice que fue un libro de Roger Verge, un mito de la moderna “cuisine” francesa, el que le hizo ver que en eso de cocinar había un mundo más allá que ni podía imaginar.
No es que coincidiera con Sergi Arola en el LIDL, el cocinero era la estrella de unas jornadas de que con el nombre de Gastrotur se han celebrado en Granada y a las que asistí: hay que ponerse al día y ver, de vez en cuando, qué es lo que se hace por ahí.
En su ponencia, Arola explicó que es muy difícil vivir de la alta cocina y más en estos tiempos de crisis: los restaurantes de lujo necesitan mucho personal y difícilmente son rentables, por eso, se impone diversificar. Él ha optado por lo que llama la “doctrina Armani”, al quien el “pret a porter” le permite sobrevivir en la alta costura.
En la cocina esto se traduce en el “pica pica”, menús que van al centro de la mesa a precios razonables. Ya no hay excentricidades técnicas y el gran cocinero diseña la carta o deja su impronta en restaurantes repartidos por medio mundo. Arola tiene ya locales en Sao Paulo, Bombay, Lisboa, Nueva Delhi… y, por supuesto, Barcelona y Madrid (Dos). El último lo acaba de abrir en París. Es lo que están haciendo muchos otros. Carme Ruscadella tiene dos en Tokio, Dani García acaba de abrir en Nueva York, Arzak pilota a distancia el SanDo, de Madrid, y José Andrés tiene locales de cocina española, los Jaleo,  en varias ciudades de Estados Unidos.
Tras su intervención, Sergi Arola preparó varios platos “pica Pica”.
 Empezó con su versión de las “bravas”: unos cilindros de patata confitada con salsa brava y ali-oli. Siguió con unos cubos de patata con compota de cebolla y falso huevo esferificado. Me resultó muy interesante el carpaccio de presa ibérica con queso payoyo que vino a continuación. Vieira a los cítricos, cochinillo con escalibada y, de postre, fresas con compota de ruibarbo y merengue completaron el menú. Todavía se me hace la boca agua.
Después de cocinar estos pequeños platos, en cierta forma tapas ilustradas, Sergi Arola comentó que las tapas, sean de diseño como estas o simples aceitunas, siempre se pagan, porque los bares no son comedores de caridad, aunque en Granada, donde se puede comer con lo que te ponen para acompañar a una caña, esto parezca una herejía.
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27 de febrero de 2013

Minestrone alla genovese













ingredientes
1 cebolla
1 puerro
1 calabacín
3 zanahorias
1 patata
1 tomate
apio
estrellitas
½ tazón de judías cocidas
cebolla

elaboración
Cortamos a cuadraditos la cebolla, el puerro, el calabacín, el apio, la zanahoria y la patata, que rehogamos después de añadir pimienta molida.
Añadimos agua y dejamos cocer entre 15 y 20 minutos
Cortamos el tomate en cuadraditos y, cuando estén las verduras, lo añadimos junto con las estrellitas y las judías cocidas.
Esta sopa se acompaña con un pesto.

Pesto
ingredientes
albahaca
ajo
piñones
aceite
parmesano





elaboración
En un mortero, majamos los piñones con la sal, añadimos la albahaca y seguimos majando. Incorporamos el aceite y el parmesano. Es conveniente hacer el pesto a mano y no con batidora, porque cambiaría de color.
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