23 de mayo de 2012
Aspic de macedonia
ingredientes
½ litro de caldo de verduras
Huevos duros de codorniz
1 bote de macedónia de verduras
6 hojas de gelatina
elaboración
Hidratamos las hojas de gelatina y las disolvemos en un poco de caldo caliente. Mezclamos con el resto del caldo.
En el fondo de un molde engrasado ligeramente, ponemos un poco de caldo gelatinizado. Colocamos huevos duros y verduras de la macedonia. Terminamos de llenar el molde con el caldo y las verduras.
Enfriamos hasta que cuaje. Podemos hacer un molde grande o bien moldes individuales, más pequeños.
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Dorada a mi manera
1 dorada de más de un kg
2 zanahorias
1 puerro
8 judías verdes
Aceite
sal
elaboración
En una fuente profunda o, mejor, en una cacerola de las de hervir espaguetis, ponemos agua a hervir. Atamos un cordel a la cola de la dorada y, cuando el agua empiece a hervir, la sumergimos en ella durante unos diez segundos, sujetándola con la cuerda. Pasado ese tiempo, la izamos tirando del cordel y la quitamos la piel tirando de ella con los dedos. (Se quita fácilmente)
Lo regamos todo con aceite y cerramos, colocando otro papel de horno encima y doblando sobre si mismos los bordes de ambos papeles, de manera que formemos un paquete rectangular con el pescado dentro. Debemos asegurarnos de que el paquete no se va a deshacer durante el horneado. Si es necesario, podemos graparlo.
Horneamos durante media hora a 190º.
Acompañamos con patatas hervidas y salsa tártara (mayonesa con pepinillos, alcaparras y mostaza).Negritos de chocolate y café
ingredientes
150 g de chocolate
100 g de mantequilla
1 c.c. de Nescafé (o un sobrecito)
1 c.c. de extracto de vainilla
100 g de almendras molidas
175 g de azúcar
4 huevos
elaboración
Precalentamos el horno a 180º y forramos un molde rectangular. Derretimos la mantequilla con el chocolate al baño María. Le añadimos el café y la vainilla, la almendra y el azúcar y, por último, las yemas
Batimos las claras a punto de nieve firme y las incorporamos a la masa suavemente.
Horneamos durante 30 minutos. Enfriamos dentro del molde y partimos en trozos. Espolvoreamos con azúcar glas.
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21 de mayo de 2012
El abuelo en el restaurante
Hace poco, en el Rastro, revolviendo en un rimero de papeles
antiguos, encontré la carta de un restaurante de los años setenta. No recuerdo
el nombre del establecimiento, pero no debía ser un local muy aristocrático. Yo
diría de tipo medio, tirando a humilde. Uno de esos restaurantes con manteles a
cuadros o, simplemente blancos, cada vez más finos por los continuos lavados. Esos
locales iluminados con fluorescentes, con camareros nunca muy jóvenes invariablemente
uniformados con una chaquetilla blanca, y corbata negra. (¿Por qué la corbata
era siempre negra?).
La carta, como casi todas entonces, tenía una larga lista de
platos de los que ni la mitad le sonará a quien tenga menos de 40 años, porque muchos de
ellos han desaparecido de las mesas de los restaurantes o de los comedores
domésticos.
Para empezar, sopa castellana, servida en cuencos de barro, que,
muchas veces, ni siquiera era vidriado. La sopa castellana, que era el nombre refinado de la racial sopa de
ajo, llevaba como pareja a la sopa de picadillo, con sus dados de pan frito.
Podríamos seguir con unas endivias al roquefort, un plato moderno,
casi exótico, que estaba comiendo el terreno a la tradicional ensalada de
lechuga y tomate. Las endivias, y más con salsa de roquefort o lo que fuera
aquello que rellenaba las hojas cóncavas de las achicorias, eran una novedad
absoluta, que muchos degustaban casi con los ojos en blanco.
Tampoco faltaba en nuestra carta el cóctel de gambas, o de
marisco. Se servía en una copa metálica de boca ancha, como esas copas de
champagne que se usaban antiguamente. Sobre un lecho de lechuga cortada en
juliana, se ponían las gambas peladas y se regaba todo con salsa rosa.
Misteriosamente, se adornaba con una rodaja de limón, cuya utilidad no creo que
nadie llegase a saber. No era menos misterioso que, en algunos sitios, se sirvieran en cuencos
de cristal, sobre hielo picado.
Como no podía ser menos, en la lista figuraba el melón con
jamón. Se le consideraba un plato elegante, por más que ni el jamón fuese de
Jabugo, ni el melón de Villaconejos. En el contraste, salado-frío, el menú
incluía también los rollitos de jamón de York con huevo hilado. No sé por qué, se les consideraba un plato de
Navidad.
Estaban también los espárragos dos salsas, casi siempre
excesivamente delgados, que se servían en el centro del plato, con mayonesa a
un lado y vinagreta al otro. Y los huevos a la flamenca, con guisantes y jamón,
que llegaban a la mesa en las cazuelitas de barro (¡ojo!, quema) en las que se habían horneado.
El San Jacobo, era un filete de pollo sobre el que se ponía
una loncha de queso y otra de bacon, antes de pasarlo todo por pan rallado y
huevo y freírlo a la romana. Podía ser un buen segundo, aunque lo elegante de
verdad era pedir Lenguado Meunière, frito a la francesa, con mantequilla y con
la salsa restante sobre el pescado y las patatas, siempre cocidas, con que se
solía acompañar.
En los postres, aparte de flanes, natillas y arroces con leche, lo llamativo era la profusión de nata,
acompañando a cualquier preparación. Así, era muy popular el melocotón en almíbar
con nata, con su curioso aspecto de huevo frito. Se podía pedir también, flan
con nata, nueces con nata o un “pijama”, que podía llevar melocotón en almíbar,
piña, plátano, flan… todo adornado con la inevitable nata.
La alternativa a tanta nata, podía ser una tarta al whisky
o, quizá, la contessa, otra vez la nata, entre finas láminas de chocolate.
Parece arqueología culinaria, pero hace poco más de treinta
años se podía pedir en cualquier restaurante. Mikel López Iturriaga, en su blog
“El Comidista” lo ha definido con mucha gracia. Lo llama comida viejuna. La pregunta es, qué llamaremos comida viejuna dentro de unos años.
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16 de mayo de 2012
Lasaña de acelgas
ingredientes
Queso parmesano
1 manojo de acelgas
½ kg de carne de ternera, picada
1 zanahoria
1 puerro
1 rama de apio
Aceite
50 g de jamón picado
1/2kg de tomate triturado
Bechamel
50 g de harina
50 g de mantequilla
½ litro de leche entera
Sal, pimienta, y nuez moscada
elaboración
Cocemos las pencas de acelgas limpias, lo más largas posible y todas del mismo tamaño. Refrescamos y secamos.
Cortamos las hojas a trocitos y las salteamos en una sartén con un poco de aceite a fuego vivo.
Hacemos el “ragú a la bolognesse”. Para ello rehogamos la zanahoria, el puerro y el apio. Añadimos el jamón, la carne y el tomate y dejamos que se nos cocine lentamente.
Hacemos la bechamel y ya tenemos todas las preparaciones para montar el plato.
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Clafoutí de vieiras
ingredientes
20 vieiras
2 zanahorias
1 puerro
200 ml de nata
2 huevos
2 chalotas
1 c.s. de fumet
50 ml de vino blanco
Aceite
elaboración
Rehogamos las chalotas, el puerro y las zanahorias. Añadimos las vieiras y el vino. Repartimos en ramenquines. Mezclamos los huevos con la nata y el fumet. Lo añadimos a los ramenquines. Horno a 210º durante unos 10 o 15 minutos, dependiendo del tamaño de los moldes.
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2 zanahorias
1 puerro
200 ml de nata
2 huevos
2 chalotas
1 c.s. de fumet
50 ml de vino blanco
Aceite
elaboración
Rehogamos las chalotas, el puerro y las zanahorias. Añadimos las vieiras y el vino. Repartimos en ramenquines. Mezclamos los huevos con la nata y el fumet. Lo añadimos a los ramenquines. Horno a 210º durante unos 10 o 15 minutos, dependiendo del tamaño de los moldes.
Mosaico
3 sobres de gelatina de distintos colores (rojo, verde y amarillo)
1 bote de leche condensada
1 bote de leche evaporada Ideal
1 sobre de gelatina neutra
1 c.c. de esencia de vainilla
Aceite de girasol para engrasar los moldes
elaboración
Hacemos las gelatinas de colores en moldes rectangulares (o fiambreras) utilizando 1/3 parte menos de agua de la que nos recomienda el fabricante. Dejamos enfriar en la nevera hasta que cuaje (unas 3 horas).
Batimos esta gelatina con la vainilla, la leche condensada y la leche evaporada.Cortamos las gelatinas de colores en pequeños cubos. Con los dedos, engrasamos los moldes utilizando el aceite de girasol. Colocamos en el interior los cubitos de colores y llenamos con la gelatina blanca. Dejamos enfriar en la nevera para que cuaje.
Para este tipo de gelatinas son muy útiles los moldes de silicona y muy frecuentes los moldes de corona.
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14 de mayo de 2012
Mercados
Hace poco leí, en uno de esos periódicos gratuitos que dejan en el buzón, que los comerciantes de no sé qué mercado de Alcorcón proponían, como salida a su caída de ventas, hacer algo en la línea del Mercado de San Antón.
La apertura, hace unos años, del exitoso Mercado de San Miguel, en realidad un macrobar de calidad lleno hasta arriba en todo momento, supuso un antes y un después en la historia de los mercados madrileños, que malvivían en su mayor parte, arrasados por las grandes superficies, que en Madrid nacen casi a diario.Tras el de San Miguel, le tocó la transformación al de San Antón, en pleno barrio de Chueca. La mezcla de supermercado, mercado clásico de calidad, bares y restaurantes, envuelto todo en diseño de calidad, ha resultado otro éxito y ahora todo el mundo quiere imitarlo. Seguramente, no es posible. San Antón, por el sitio donde se ubica y el tipo de clientela, no es fácilmente repetible. Pero parece que ha servido de estímulo.
Hay otros mercados renovados. El del Alto Extremadura (así, en castizo, sin preposición) hace poco que se ha reestrenado.
El Mercado de los Jesuitas (así lo llaman en el barrio) es un mercado humilde, para una clientela sin mucho poder adquisitivo, que parecía condenado a la piqueta. Pero ha hecho un cambio radical, basado en la idea de que si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. Ha permitido que en una de sus dos plantas se instale un supermercado de una gran superficie y en la de abajo siguen los puestos de siempre: las carnicerías, las pescaderías, las pollerías, las casquerías, las fruterías... Hasta una tienda de productos rumanos. Así se complementan. El supermercado atrae a la clientela y el mercado le ofrece esos productos frescos, cortados y pesados al gusto, que la gran superficie no vende tan bien.
Algo parecido ha hecho el Mercado de Torrijos, en un barrio, el de Salamanca, de condiciones muy diferentes al del Alto Extremadura. Se repite la fórmula: supermercado, en un barrio donde hay pocos, junto con los tradicionales puestos del mercado de toda la vida, envueltos en diseño. También parece que les va muy bien y en la mañana que lo visité había una gran animación aprovechando que se acerca San Isidro. Hasta los carniceros iban vestidos de chulapos. En Torrijos, siguiendo la moda, hay bares donde degustar algunas de las cosas que vende el mercado, e, incluso, una escuela de cocina. Todo sea por atraer a la clientela.Afortunadamente la vida parece volver a los mercados. No está escrito que estén condenados a desaparecer. Se trata de que se muevan y busquen su hueco. Y es deseable que lo encuentren. Si no pudiéramos comprar los productos frescos de calidad de los mercados, ¿qué íbamos a cocinar?
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9 de mayo de 2012
Alcachofas de conserva, rellenas
ingredientes
10 alcachofas de conserva 2 c s de mayonesa
Perejil
1 aguacate
10 langostinos cocidos
Vinagreta
Aceite
Vinagre Tomate
Sal
elaboración
Tomamos las alcachofas, que deben ser de buena calidad y las escurrimos bien de su agua. Las abrimos un poco de forma que quepa bien el relleno.
Aplastamos, con un tenedor, la carne del aguacate y le añadimos dos cucharadas soperas de mayonesa y perejil picado. Pasamos la mezcla a una manga con boquilla rizada.
Rellenamos los corazones de alcachofas y les ponemos una langostinos encima y si se quiere un poco de jamón picado.
Pelamos el tomate, lo picamos muy menudito y aliñamos con aceite, vinagre y sal.
Si nos sobra mayonesa, podemos triturar en ella abundante perejil para obtener una mayonesa de color verde.
En el fondo del plato, ponemos la mayonesa, encima las alcachofas y salseamos con la vinagreta.
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Pescadilla con cacahuete

ingredientes
1 pescadilla en dos lomos
250 g de gambas
100 g de pan rallado
2 huevos
1 dientes de ajo
Perejil
4 cs de aceite
2 cs de harina
½ litro de fumet de pescado
250 g de cacahuetes, pelados y sin piel
elaboración
Pelamos la cambas y, con la cabeza de la pescadilla, la espina y las cáscaras de las gambas hacemos un fumet.
Mezclamos el pan, el ajo, el perejil, las gambas, los huevos y la sal. Nos debe quedar una masa con la que rellenamos la pescadilla.
Colocamos la pescadilla en una fuente de horno aceitada, la cubrimos con una velouté y cacahuetes triturados. Horneamos a 200º durante 15 minutos(Para una pescadilla de un kilo)
Velouté: rehogamos la harina en el aceite y añadimos el fumet. Dejamos que espese..
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Pan de plátano
ingredientes
100 g de mantequilla
1 taza de azúcar
2 huevos
2 tazas de harina
Una piza de sal
2 c c de levadura Royal
½ taza de nueces
4 plátanos maduros
elaboración
Batimos los huevos, con el azúcar y la pizca de sal., Añadimos la mantequilla y la harina con la levadura. Con el tenedor aplastamos los plátanos.
Rompemos un poco las nueces y lo mezclamos todo.
Ponemos la masa en un molde de cake y horneamos a 190º entre 30 y 40 minutos.
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Tres direcciones seguras
Hoy voy a hablar de sitios que hacen las cosas bien. Que, incluso, tienen un toque especial. Con tres ejemplos.
En el puente de la semana pasada estuvimos en Vera, (Almería) invitados a su hermosa casa de la playa por Pilar y Jorge. Son nuestros amigos del alma y los mejores anfitriones.
El martes fuimos a comer al pueblo de Villaricos, a un chiringuito, La Balsica, que está situado en un pequeño puerto deportivo, que, afortunadamente no es Puerto Banús.
El chiringuito es un sitio sencillo, donde Lázaro, el propietario, y su familia, con alguna ayuda externa, atienden a la clientela con gran eficacia, rapidez y amabilidad, incluso en días como el que fuimos, que estaba lleno.
Lázaro se provee de la lonja de Garrucha, el mayor puerto pesquero de la zona, pero también aportan algo sus familiares pescadores. El resultado, un producto fresquísimo de primera calidad que elaboran con gran sencillez: a la parrilla o frito. Así que la clave está en el punto: perfecto. Después de unos entrantes con saltones (unos pececitos pequeños, similares a los chanquetes) y unos mejillones al vapor, excelentes, tomamos unos salmonetes fritos con mano sabia, un besugo que había estado en la plancha sólo el tiempo necesario para salir jugoso pero no crudo, unas pijotas fritas como sólo se hace en Andalucía y un extraordinario calamar nacional (así lo dice la carta). Lo hacen entero con unos cortes paralelos y a la plancha. Una delicia.
Los postres correctos. No es su especialidad. Café y un Verdejo de Rueda dieron una cuenta que fue la guinda: poco más de 20 euros por comensal. Qué más se puede pedir
Super turre
Ya he hablado alguna vez de Superturre. Cada vez que voy por la zona, para mi es un imán. Estuve otra vez y sigue en forma. Y sin perder su idiosincrasia de tienda de chinos cruzada con el Club del Gourmet. Parecía que allí no cabía más, pero los dueños siguen buscando, -no se de dónde lo sacan- los productos más insólitos para un supermercado español y los ponen en sus atiborradas estanterías, con riesgo de que pasen desapercibidos. Pero, mirando con detenimiento, se puede encontrar como aceite de pepita de uva, o crema de hierba limón. O perderse en la serie interminable de arroces de todos los orígenes. Ya no hablo de tés (tiene clientela inglesa y norteafricana) o infusiones: yerba mate, por ejemplo. La exuberancia del estante de especias parece infinita. Y no digo nada de la de mostazas.
La bodega es un caso aparte. Vi cerveza ibicenca ¿?, pero también rusa, argentina o italiana. La selección de vinos es amplísima, no sólo de marcas, sino de procedencias. En las estanterías de ginebra te pierdes (recuerdo lo de la clientela inglesa) pero en vodkas la variedad es mayor. No se si hay colonia rusa en la zona. También encontré sake. Habrá algún japonés. Lo que más me sorprendió fue que tuvieran un Brady Luis Felipe Gran Reserva de La Palma del Condado. Costaba 126 €. Un día tengo que mirar si lo tienen en el Gourmet del Corte Ingles.En fin, yo salí de Superturre con un aceite de pepita de uva aromatizado con trufa negra, una frasco de aceite de sésamo, un tarrito de Lemon Green (hierba limón), mostaza Colman’s en polvo, un frasco de pochas, Sal marina de escamas nada menos que de Chipre, a pesar de lo cual lo venden como Hispanosal, y Sal Maldom en un envase que no conocía, a sólo 3,08€. No sigo para no aburrir. Eso si, estoy segura de que, en la confusión de la tienda no llegue a ver alguna cosa que también me habría llevado.
Ah, y en la caja compré una bobina de hilo para coser un jersey. Tenían justo el tono que necesitaba. Hasta en eso tienen variedad.
Bodegas López Cristóbal
Bodegas López Cristóbal esta en Roa (Burgos). No es una de las grandes de la DO Ribera de Duero ni de las más antiguas: se creó en 1994. Fue, como en tantos casos, la decisión de un hombre, Santiago López que había plantado viñas en los años ochenta, al calor de la recién creada DO Ribera de Duero, y que pensó que mejor que seguir vendiendo su uva a otras bodegas, podía elaborarlo en la suya propia. Y construyó una con la última tecnología. La bodega es un sitio realmente acogedor. Llama a la tranquilidad, parece que allí los vinos se deben sentir a gusto. A diferencia de otras, tiene repartidos su edificios en torno a una explanada central, unos edificios que parecen hechos con esmero de artesano y están en perfecto estado de conservación. Íbamos con unos pocos amigos y nos recibió Galo, el hijo de Santiago, que es el que recoge los dos apellidos de la marca, López Cristóbal. Cristóbal es el apellido de su madre. Este ingeniero industrial ha tomado poco a poco las riendas de la bodega, y elabora unos vinos estupendos. Nos dejó en manos de su esposa, Cristina, que fue una guía eficiente y encantadora. Allí todo queda en familia. La cosa terminó en la sala de catas donde Cristina nos fue dando a catar sus vinos, desde los más jóvenes a los reserva o la joya de la casa, el Bagús, un tempranillo extraordinario que elaboran utilizando sus mejores viñas. No me extraña que tengan tan buen nivel en el mercado. Todas esas atenciones, que nos desbordaron, sólo podían tener el interés de mostrar su obra, de la que se siente orgullosos. Nosotros no éramos compradores, aunque después de catar esos tintos de color picota o cereza, terminamos en la tienda cargando para las bodegas caseras.La Balsica
Puerto La Balsica s/n
Villaricos (Almeria)
Superturre
Avda de Almería 43Turre (Almería)
Bodegas López Cristobal
Carretera BU-122, km 1,5
Roa de Duero (Burgos)
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25 de abril de 2012
Croquetas de chorizo ahumado
ingredientes
½ litro de leche
75 g de mantequilla
75 g de harina
75 g de chorizo ahumado muy picado
Sal
Pimienta
Harina, pan rallado y huevo para rebozar
Aceite para freír
elaboración
Ponemos el aceite en una sartén profunda y rehogamos la harina y el chorizo. Añadimos la leche, salpimentamos y removemos al fuego hasta que la masa espese.
Podemos poner la masa en una fuente aceitada para esperar a que enfríe y formar las croquetas. También podemos ponerla en una manga pastelera. En este último caso, formaremos cordones largos de masa y los cortaremos a trozos para formar las croquetas.
Tanto en uno como en otro caso, pasaremos las porciones de masa por harina, huevo batido y pan rallado y las freiremos en abundante aceite caliente.
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Crumble de cordero
ingredientes1 pierna de cordero deshuesada
1 cebolla
Tomillo
Laurel
1 cubito de caldo de carne
400 ml de leche de coco (1 bote)
Aceite
Masa: 150 g de harina
100 g de mantequilla
50 g de coco rallado
Pimienta
Sal
elaboración
Cortamos el cordero en dados. Rehogamos la cebolla y el cordero, añadimos la leche, el cubito y las especias. Dejamos cocer hasta que el cordero esté tierno (Lo mejor es usar la olla a presión).
Preparamos la masa crumble mezclando con los dedos la mantequilla en pomada, la harina, el coco, la sal y la pimienta. Imprimir
Tarta fácil de manzana
ingredientes
1 vaso grande de harina
1 vaso grande de azúcar
1 vaso grande de leche
1 c.c. de levadura
1 huevo
Mermelada de albaricoque
Cognac.
elaboración
Batimos el huevo con la leche (mezcla líquida). Aparte, mezclamos la harina, el azúcar y la levadura (mezcla sólida). Separamos los gajos de manzana en tres partes iguales.
En un molde engrasado vamos poniendo pisos sucesivos con estos ingredientes. Abajo una primera capa de manzana. Sobre ella, la mitad de la mezcla sólida y, encima, la mitad de la mezcla líquida. Sobre esta, una segunda capa de manzana, la mitad que nos queda de la mezcla sólida, la otra mitad de la mezcla líquida y, por último, la tercera parte de la manzana, que aún nos quedará.
Horneamos a 180º durante 40 minutos. Sacamos del horno, rociamos con un poco de cognac, pintamos con mermelada de albaricoque y horneamos durante otros 10 minutos.
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NOTA
He cambiado el orden de los menús. Para esta semana, estaba previsto empezar por pastelines de gazpacho, pero me ha parecido que el tiempo no acompaña y he adelantado el que correspondía a la primera semana de junio.
Lógicamente, el que estaba previsto lo haremos otro día.
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He cambiado el orden de los menús. Para esta semana, estaba previsto empezar por pastelines de gazpacho, pero me ha parecido que el tiempo no acompaña y he adelantado el que correspondía a la primera semana de junio.
Lógicamente, el que estaba previsto lo haremos otro día.
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23 de abril de 2012
Casa Mingo
Uno de los locales más castizos de Madrid es una sidrería asturiana: Casa Mingo. Desde 1888 lleva, en el Paseo de la Florida, sirviendo sidra, pollo asado, empanadas y chorizo a la sidra a madrileños y forasteros, que nunca han dejado de acudir masivamente.
Instalada en un viejo almacén de material ferroviario, en los aledaños de la Estación del Norte (Príncipe Pío, para los más jóvenes) Casa Mingo estaba allí antes que el barrio. Supongo que fue uno de esos merenderos que abrieron en la zona, tratando de hacer negocio en torno a los populares bailes de la Bombilla, frecuentados masivamente, por modistillas, criadas, militares sin graduación, chulitos y toda esa fauna juvenil que parecía salida del elenco de extras de una zarzuela.
O sea, que es un local con historia. Y siempre ha sido muy querido por los madrileños.
Este fin de semana, he estado allí y, efectivamente, estaba lleno hasta los topes y tenía cola, tanto para conseguir una mesa en su interior, como en la hermosa terraza instalada a la sombra de los grandes toldos que se despliegan cuando pica el sol. El público era mayoritariamente joven, pero también había gente más entrada en años, familias enteras y turistas, muchos turistas, sin duda avisados por las guías que lo señalan como uno de los sitios a visitar, al ir o volver de San Antonio de la Florida para ver los frescos de Goya o pedir novio al santo portugués. La mayoría parecían muy satisfechos. Yo debí ser la excepción.

Debo decir que Casa Mingo me parece un sitio agradable. Me gusta su soleada terraza, bajo los plátanos del Paseo de la Florida. También su ruidoso y umbrío salón, decorado con toneles y botellas de sidra. Casi me parece un regreso al pasado, que me atiendan camareros maduros, de acento castizo, que parecen llevar allí toda la vida. Está muy bien que la cuenta no se dispare, como en otros locales “históricos”. En resumen, me parece uno de esos sitios que nunca debería cambiar. Por eso me da tanta pena un detalle que, en mi opinión, lo echa a perder todo: te dan comida industrial. Si pides una ensalada te la dan en un recipiente de aluminio de esos de usar y tirar, envuelto en papel film, con un sobrecito de aceite y otro de vinagre para que la aliñes tú misma. La empanada es una masa intragable de origen industrial que ni se molestan en disimular: a la vista de todos están las cajas en las que se las traen sus proveedores. La tortilla debe ser de esa congelada que venden en Makro. El chorizo a la sidra, que no es lo peor, llega a la mesa recién salido del microondas. La sidra parece natural, pero no es gran cosa. El pollo, que sí se hace allí, se asa como en las ferias.
Cuando una va a un sitio como este, no espera que le den cocina fusión ni elaboraciones sofisticadas. No tendría sentido. Pero sí se quiere una comida tradicional, elaborada con productos de calidad y sobre todo realizada en el momento. Puede que sea así en otros platos de la carta, pero lo dudo, si tenemos en cuenta la calidad de todo lo que llegó a nuestra mesa.
A mi me parece que estos sitios tradicionales deberían tener más respeto por su historia. De acuerdo que el objetivo es ganar dinero, pero creo que dar al cliente productos baratos y de dudosa calidad para exprimir el beneficio hasta el último céntimo, a la larga no es la mejor política.
Hace poco estuve en otro de estos locales con historia de Madrid: Bodegas Rosell. Está también junto a una estación ferroviaria: la de Atocha. Allí, en las bodegas, no en la estación, siguen dando unas croquetas extraordinarias, que una cocinera elabora a diario por centenares: de jamón, de queso, de gallina. Lo mismo ocurre con el bacalao, con los callos y con otras muchas cosas. Todo está riquísimo. Parece que lo hacen con el mismo cariño con que se elaboraban cuando, en 1920, los antepasados de sus dueños abrieron el local con su fachada de azulejos de Talavera. Entonces servían sobre todo vino de Valdepeñas. Hoy, además de una de las cervezas mejor tiradas de Madrid, ofrecen una estupenda carta de vinos, que uno de los dueños, finalista del concurso Nariz de Oro, puede ampliar sobre la marcha con sugerencias extraordinarias. Y tienen muchos clientes18 de abril de 2012
Piquillo relleno de ahumados con ensalada de espinacas
ingredientes
Ahumados (salmón, bacalao o trucha)
Pimientos de piquillo
Mayonesa
Ralladura de limón
Espinacas baby
Aceite
Vinagre
Sal
elaboración
Majamos el bacalao y lo mezclamos con mayonesa y ralladura de limón. Este será el relleno de los pimientos.
Mojamos las hojas de espinacas con aceite de manera que queden brillantes.
Rellenamos los pimientos y montamos en el plato poniendo las espinacas con un poco de vinagre, los pimientos rellenos y algún filete del ahumado que utilizamos.
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Picantón a la mantequilla de romero
ingredientes
Mantequilla 100 g de mantequilla pomada
1 c.s. de romero picado
1 diente de ajo picado
Ralladura de naranja
Pimienta negra machacada
Sal
Dos picantones
elaboración
Pediremos al pollero que nos abra los picantones haciendo un corte longitudinal que divida la parte inferior del cuerpo desde la pechuga, de manera que podamos abrirlos como un libro.
Hacemos la mantequilla de romero, mezclando bien todos los ingredientes. Con mucho cuidado metemos la mano por debajo de la piel y la untamos con la mantequilla de manera que esta quede entre la piel y la carne. También untamos el interior de cada pieza. Bien abierto, ponemos los picantones bien abiertos sobre una bandeja de horno y, a 220º, los hacemos hasta que estén bien dorados. Se pueden hacer también en barbacoa.
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Magdalenas
ingredientes
375 g de harina de fuerza
3 huevos
250 g de azúcar
250 g de leche
250 g de aceite
2 sobres dobles de litines (2 morados y 2 blancos)
Ralladura de limón
elaboración
Batimos fuertemente los huevos con el azúcar, añadimos el aceite, la leche y la ralladura de limón. Por último, incorporamos el harina con los gasificantes.
Dejamos repasar la masa en la nevera durante 30 minutos.
Pasamos la masa a una manga pastelera y rellenamos los papelillos de molde hasta ¾ de su capacidad.
Horneamos a 200º hasta que veamos que las magdalenas estén doradas. (El tiempo dependerá del tamaño de las magdalenas)
Antes de hornear podemos poner un poco de azúcar encima de cada magdalena.
También podemos utilizar agua de azahar en vez de ralladura de limón, o utilizar los dos aromatizantes.
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